Gozar sin miedo al embarazo, ¿una quimera?

Si la penicilina estuvo detrás de la revolución sexual de los años cincuenta, porque borró del mapa occidental la amenaza de las complicaciones letales de la sífilis (según sugiere un estudio publicado en Archives of Sexual Behaviour del que hace unas semanas dio cuenta Materia), la píldora del día después vino a liberarnos del susto que nos provoca la sola idea de un embarazo no deseado.

 

Y no solo a las más jovencitas, teniendo en cuenta que en España las mujeres de más de 40 añosconstituyen el segundo grupo más importante en interrupción del embarazo, solo por detrás del conformado por las chicas de 15 a 20. Y es que, al parecer, el lema del ‘relájate y goza’ de las mayorcitas (combinado con la errónea creencia de que la perimenopausia es un periodo infértil) vuelve a poner a las mujeres en riesgo de gravidez sin intención.

 

Sabemos que, entretanto, llegó el VIH y continuaron en danza las enfermedades de transmisión sexual, por lo que el preservativo se confirmó como la mejor arma disponible para la prevención de ETS, a la vez que un eficaz método anticonceptivo. De hecho, en España, el condón es el recurso anticonceptivo más usado (optan por él un 30 por ciento de mujeres) seguido por la píldora (que goza de los favores de un 17 por ciento), según las preferencias que recoge la encuestaHabits. Hábitos sexuales y uso de anticonceptivos entre mujeres y profesionales sanitarias en España 2012, recientemente realizada por Amber para la firma MSD, entre unas 3.000 mujeres de entre 23 y 49 años.

 

Así las cosas, los laboratorios vuelven a la carga para que no confiemos nuestra salud y nuestro plan reproductivo únicamente al bendito látex. Y con la ayuda de algunos profesionales sanitarios, ciertas grandes compañías farmacéuticas nos proponen que, con o sin látex por medio, volvamos a la química de la que algunas mujeres nos hemos ido alejando por las sombras de los problemas circulatorios asociados y el riesgo de trombosis que traían consigo aquellas cargas hormonales de las píldoras anticonceptivas de los primeros tiempos. 

 

Por lo demás, y en el durante, ¿quién no recuerda haber combinado dos métodos (o dos preservativos) por el pánico al embarazo de los primeros años de sexo de nuestras vidas, un terror alimentado por las cientos de historias médicas reales y leyendas urbanas que siempre han circulado respecto a la ineficacia de algunos recursos?

 

Aun sin saber a ciencia cierta cuán inocuas son hoy las píldoras, los anillos vaginales de estrógenos y/o los dispositivos intrauterinos con liberación de progesterona, las muy cautas y más que curiosas damas que somos tenemos a nuestra disposición otros datos que nos llevan a sopesar virtudes y pecados de lo que nos ofrece la farmacopea.

 

Sin ir más lejos, tenemos claro que nuestra larga esperanza de vida y el hecho de no gestar y concebir más que una, dos o tres veces en la vida (y en algunos casos, ninguna) hace que la pared de nuestro útero esté en continua regeneración durante muchos más años que los que vivían y menstruaban nuestras tatarabuelas prehistóricas (por lo demás, pariendo y amamantando con mucha asiduidad, sin tal cantidad de ovulaciones y reglas). De ahí deriva el otro riesgo, según leemos en la página de la página de la American Cancer Society: "El riesgo de cáncer endometrial aumenta si la mujer tiene más ciclos menstruales durante su vida (…) y aumenta si la mujer comienza los periodos menstruales antes de los 12 años y/o pasa por la menopausia más tarde en la vida (…)".

 

Fuente: El pais.


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