¿Cómo será ser hombre (y amar)?

¿Qué somos las mujeres para los hombres?, nos preguntamos absurdamente, intentando indagar en nosotras desde tan particular perspectiva. ¿Qué es el amor para los hombres?, nos cuestionamos, especialmente cuando las vivencias parecen ir cuesta arriba en esto de compatibilizar criterios para salir juntos un tiempo, construir algo o disfrutar un rato.

 

"Estudio mucho a la mujer desde años atrás y cada día desespero más de sentir alguna vez como ella siente, de sentir siquiera por un instante una de esas emociones de gracia con respecto a sí mismas o al vivir de otros o de desesperación absoluta, que el hombre no conoce. ¿Cómo será ser mujer?", se planteaba Macedonio Fernández (1874-1952), el escritor argentino con quien J.L. Borges mantuvo tantos diálogos en presencia y en ausencia. 

Días atrás escuché, de nuevo, de boca de un amigo, esto de que los hombres solo tienen amigas una vez que logran disipar las fantasías sexuales. Y volví a no comprender, como tampoco entendí nada aquella vez que un galán me dijo que no podía estar con las mujeres que no le interesaban sexualmente porque "se aburría".


Y entretanto fui al museo Reina Sofía y dentro de una exposición llamada Espectros de Artaud, vi Una película discrepante (1952) del artista francés Isidore Isou, en la que una voz en off dice que "la única vez que vemos a una persona es la primera vez" y que después forzamos la imagen para que encaje en esa que ya tenemos.

Con estas perplejidades, me puse a hacer memoria de lo que, en los últimos tiempos, había leído proveniente de manos y teclas de hombres, escritores y contemporáneos, sobre sus propias cavilaciones (o las de sus personajes) sobre el amor, los vínculos, los sexos y sus afinidades.

Me encontré con un poco de todo entre la fe y el escepticismo; el humor y la cosa seria; el juego y la disputa; la responsabilidad y el disfrute; el deseo y la frustración; la madre, don Edipo y el primer abandono; la magia y el deber...  Pero me encontré con tanto y tan interesante de todo que tendré que dejar parte del material para una segunda entrega.

 

Fuente: ANNA CÉ

El Pais


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