¿Podemos modificar nuestra sexualidad?

Son muy frecuentes, en los últimos tiempos, los artículos de carácter biologista que marcan que la diferenciación entre el deseo carnal de hombres y mujeres viene dada por los niveles de distintas sustancias corporales. Tal es el caso de la testosterona, una hormona que fabrican en mayor cantidad los hombres e interviene de manera determinante en el nivel de libido que tenemos.

 

La ecuación es sencilla: como los varones poseen, por su naturaleza, más testosterona, su deseo sexual es mayor. Ahora bien, suponiendo que en realidad existiera una diferencia en la cantidad de deseo masculino y femenino, nuestra cultura permite modificar estos niveles mediante terapias como la aplicación de parches con la citada hormona.

 

Del mismo modo, la medicina está preparada para modificar, a través de cirugía o tratamiento hormonal, los genitales o el funcionamiento endocrino con los que hemos nacido, en caso de que entren en conflicto con nuestra sexualidad.

 

Es, por ejemplo, el fascinante caso de los transexuales masculinos y femeninos. Y esa intervención ya sería cultural. ¿Qué se quiere decir con esto? Que si hubiéramos tomado por base que las mujeres son aquellos seres humanos que tienen el cabello más largo y lacio, una fémina podría modificar, mediante el corte o el tratamiento capilar hormonal, esa característica. ¿Qué sería, entonces, esa persona? Y sobre todo, ¿qué habría conformado su cabello? ¿La naturaleza o la cultura?

 

Fuente: Muy Interesante

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