¿Y si el Problema no son las Personas?

A día de hoy, y aunque pueda haber matices a la hora de medirla y cuantificarla, parece indudable que existe una correlación directaentre los niveles deengagement en una organización y losresultados económicosde la misma. Dicho de otra forma, el rendimiento de las personas mejora cuando su nivel deengagement aumenta.

 

Desde que esta correlación se hizo evidente, muchas de las organizaciones más relevantes, sobre todo internacionales, han estado trabajando en diversas iniciativas destinadas a aumentar el nivel de engagement de sus personas, por desgracia con resultados bastante pobres en general hasta ahora.

 

Porque según investigaciones recientes, como por ejemplo este estudio global de Towers Watson de 2012, la mayoría de las organizaciones no están consiguiendo mejoras significativas, en la medida que 2 de cada 3 profesionales de estas organizaciones no estáengaged. Hablamos de una situación global que a mí me parece bastante preocupante, sobre todo porque estos resultados proceden de una minoría de organizaciones que son conscientes de la situación y quieren mejorarla. Prefiero no imaginar los niveles de engagement que puede haber en todas esas otras organizaciones que no participan en este tipo de estudios, entre las que están las pymes…

 

Dice el estudio citado que una de las causas es que las organizaciones están gestionando negocios en el siglo XXI con prácticas del siglo XX, a lo que yo añadiría que algunas siguen en el XIX. Pero al margen de ello, creo que existe un problema más grave y profundo, que es elparadigma desde el que estas organizaciones siguen operando. Y digo más grave porque desde él es muy difícil, por no decir imposible, encontrar soluciones al problema.

 

Si observamos el despliegue de iniciativas que desde los departamentos y consultoras de Recursos Humanos se ha ido poniendo en escena en los últimos años, veremos que todas ellas tienen algo en común: las personas son un problema. Y son un problema porque no están todo lo engaged que deberían, es decir, que convendría, para no ya el éxito sino incluso lasupervivencia de la organización.

 

El mundo y la sociedad han cambiado; la naturaleza del trabajo ha cambiado; las organizaciones… ¿Han cambiado? Y si lo han hecho, ¿han cambiado lo que realmente hay que cambiar?

Porque mientras todo lo que cambie lo haga de forma ajena a las personas, sin dejar espacio a la autonomía, a la maestría y al propósito, nada habrá cambiado.

 

Las organizaciones solo cambian cuando cambian sus personas. Por eso, solo cuando se crean espacios para que las personas puedan cambiar con autonomía, desde la maestría y con un propósito, se produce el verdadero cambio.

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